MIL 500 PESOS
-Vengo de Luz y Fuerza del Centro y usted me debe dar mil 500 pesos.
–Oiga, pero si yo ya pagué la luz.
–No importa, es para mantener a la compañía.
-Parece broma, pero es verdad. Luz y Fuerza del Centro requería de 42 mil millones de pesos en subsidios cada año. Eso equivalía a mil 500 pesos por cada familia mexicana, aún cuando no recibiera el servicio. Por eso, el gobierno federal decretó la extinción de Luz y Fuerza para que no tuviéramos que seguir pagando ese dinero. Porque en estos tiempos, a nadie le sobran mil 500 pesos para regalar.
El argumento principal del gobierno federal para desaparecer a la empresa es el subsidio que ésta recibía, sin embargo, no dice que el dinero destinado a Luz y Fuerza iba directamente a las tarifas que pagaban los consumidores. En los recibos estaba señalado claramente el costo total del servicio, la cantidad que era subsidiada y lo que finalmente se cobraba al usuario. De aplicar el costo real, las tarifas eléctricas serían mucho más caras de lo que se pagaba.
En tanto, la Comisión Federal de Electricidad ha anunciado que no incrementará las tarifas, lo que significa que para mantener sin alzas el precio del servicio tiene que echar mano del satanizado subsidio. Tan es así que los nuevos recibos de CFE tienen un apartado que dice Aportación gubernamental, donde vendrá la cantidad que el gobierno federal pone por el servicio eléctrico, tal como lo hacía con LyFC. ¿Entonces en qué quedamos? ¿El gobierno calderonista echó a la calle a más de 40 mil trabajadores básicamente porque la empresa recibía un subsidio millonario, el cuál seguirá entregando a la nueva administradora del servicio? En los hechos, sí.
La campaña de los mil 500 pesos sigue al aire, omitiendo que se trataba de un servicio público y que por eso recibía el subsidio. No se trata de una empresa privada que tiene que sacar ganancias para sus dueños porque los recursos para la generación de energía son bienes de la nación. La industria eléctrica no se puede privatizar.
La intensidad de esta campaña es digna de mejores causas y esfuerzos, sobre todo si se ponen sobre la mesa las verdaderas deudas que todos los mexicanos cargamos a cuestas. En la columna Dinero, de Enrique Galván Ochoa (La Jornada, 20 de noviembre), el señor Pedro Méndez acomoda en el formato del spot uno de estos ineludibles adeudos: El Fobaproa.
–¡Hola! Vengo del Fobaproa (IPAB) y usted me tiene que dar mil 500 pesos.
–Pero si no soy dueño de ningún banco; yo no fui responsable de la quiebra de los bancos, es más, no tengo ni cuenta bancaria.
–Eso no importa, es para pagar la deuda del Fobaproa.
-Parece broma, pero no lo es. El gobierno viene pagando la deuda del Fobaproa, organismo encargado de administrar el costo del rescate bancario en 1995. Este año la deuda alcanzó 752 mil 110 millones de pesos. Esa deuda se paga y se pagará con nuestros impuestos. ¿Cuándo se extinguirá esa deuda, cuándo se castigará a los responsables?
africa_barrales@hotmail.com












